Lluvia
Lluvia (WOLF R) GRACIAS AMIGO POR ENCANTAR MIS OJOS!!!! UN BESOTE, NANS...
Esa tarde, a ella, le habían empezado a llover recuerdos como nunca. Le llovieron torrencialmente dentro de su propia casa. Algunos eran anunciados con truenos, rayos y centellas. Otros llovieron con menos ruido y menos electricidad.
Se acostó, se levantó, hizo café que no tomó. Quiso leer, quiso mirar una película, quiso ordenar placares... y no pudo hacer nada en medio de esa lluvia torrencial.
Parecía que el techo se iba a venir abajo. Todos los recuerdos de esa lluvia venían con los ojos y la voz de el. Venían con su risa y con esas maneras que el tenia de hacerle sentir que las rosas que le había regalado las había ido a buscar a El Cairo, Estambul o no se donde para ella.
Venían con esos resplandores que el tenía en los ojos cuando pasaban muchos días sin verse y llegaban a cualquier hora de la noche porque la extrañaba.
Los recuerdos seguían lloviendo solos y ella no sabia que hacer con tanta agua. No sabia que hacer con esa laguna en el dormitorio o ese charco en el living.
La ultima vez se habían despedido para siempre. No tenia sentido eso de verse cada tanto. No tenían sentido esas rosas de El Cairo o Estambul si después se deshojaban sin que el las viera. No, no tenia sentido.
Después de esa ultima vez, fue que empezó a desatarse esa tormenta. Esa lluvia impresionante que no paraba con nada. No paraba ni con una danza mágica.
En medio de truenos y relámpagos, sonó el teléfono. Salto de la cama, atravesó la laguna del dormitorio, el charco del living y llego al teléfono y al florero vacío. Del otro lado de la tormenta, el le decía que escuchaba el sonido de la lluvia contra la mesa del teléfono. Se quedaron un rato en silencio y la lluvia no sabia que hacer.
Los recuerdos seguían lloviendo solos y ella no sabia que hacer con tanta agua. No sabia que hacer con esa laguna en el dormitorio o ese charco en el living.
La ultima vez se habían despedido para siempre. No tenia sentido eso de verse cada tanto. No tenían sentido esas rosas de El Cairo o Estambul si después se deshojaban sin que el las viera. No, no tenia sentido.
Después de esa ultima vez, fue que empezó a desatarse esa tormenta. Esa lluvia impresionante que no paraba con nada. No paraba ni con una danza mágica.
En medio de truenos y relámpagos, sonó el teléfono. Salto de la cama, atravesó la laguna del dormitorio, el charco del living y llego al teléfono y al florero vacío. Del otro lado de la tormenta, el le decía que escuchaba el sonido de la lluvia contra la mesa del teléfono. Se quedaron un rato en silencio y la lluvia no sabia que hacer.
El le dijo que después de la lluvia sale el sol. Le dijo que no hay tormenta que dure cien años. Le dijo que iba a buscarla porque su casa estaba mucho mas inundada que la de ella. El colgó y ella abrió las ventanas. Hizo café nuevo. El de antes le parecía jugo de paraguas. Después se pinto un poco los labios. No quería tener una sonrisa tan aguada cuando el llegara.
Miro por toda la casa y vio que los charcos se iban evaporando. Antes que el llegara, el agua se había ido de todas partes, menos del florero. A ella le pareció bien que así fuera. No era lo mismo poner rosas de El Cairo o de donde sea, en agua de la canilla, que ponerlas en agua de lluvia como esa.
FIN
Un cuento para encantar tus ojos NANS



